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¿Puede la IA quitarnos algo más que el trabajo?

Una encuesta me dejó pensando en el sentido del trabajo y en quién decide qué tareas queremos conservar.

Una mujer ante una bifurcación. A la izquierda, un camino señalado como «Sentido». A la derecha, un GPS proyecta «Eficiencia».

El 13 de octubre de 2026 leí una encuesta sobre cómo imaginan las personas adultas de Estados Unidos el futuro del trabajo con IA. Un 65 % estuvo de acuerdo en que, si la IA hace que el trabajo tenga menos sentido, las personas perderán su sentido de propósito y dignidad.[1]

La encuesta, realizada a 1.158 personas en agosto de 2026, recoge expectativas. No demuestra qué va a ocurrir ni describe necesariamente lo que pensamos en Europa.[3] Aun así, me dejó dándole vueltas a lo que ponemos en juego cuando hablamos de automatizar.

El trabajo permite ganarse la vida y puede formar parte de cómo nos vemos y de cómo sentimos que contribuimos. En esa encuesta, un 70 % de quienes trabajan lo consideró muy o extremadamente importante para su sentido de propósito.[2] Eso no significa que todas las personas lo vivan igual. Para algunas puede ser una carga, y una vida con sentido también se construye fuera del empleo.

Por eso, ahorrar tiempo me parece una promesa incompleta si no hablamos de qué ocurre después. Una tarea que desaparece puede quitar una obligación pesada. También puede llevarse una ocasión de aprender o una parte del trabajo en la que alguien encontraba satisfacción. Importa mirar qué cambia en la experiencia concreta de esa persona.

Pienso, por ejemplo, en una herramienta que prepara un informe. Puede evitar horas de recopilación y dejar espacio para investigar mejor una pregunta. Pero, si el tiempo ganado se convierte enseguida en más informes, el cambio sería otro. Es una posibilidad que conviene discutir antes de dar por hecho que producir más equivale a trabajar mejor.

Hay además una cuestión de autonomía. Poder usar una herramienta, revisar lo que propone y decidir cuándo conviene apartarla es diferente de limitarse a validar una respuesta que ya llega hecha. Si esa revisión se vuelve un trámite, ¿qué espacio queda para aprender de las decisiones y hacerse responsable de ellas?

No creo que conservar tareas por costumbre resuelva esta preocupación. Sí creo que quienes las realizan deberían participar en la decisión de cambiarlas. Su experiencia puede ayudar a reconocer qué resulta agotador y qué merece conservarse. Esa conversación debería llegar antes de que la única opción sea adaptarse a una organización del trabajo ya decidida.

La encuesta no nos dice cómo organizar ese futuro. Me parece que deja abierta una pregunta que merece acompañar cada cambio: cuando una tarea pase a una IA, ¿qué capacidad de decidir ganará o perderá la persona que la hacía?

Eugénie Morant Vermeersch

Fuentes

  1. Elon University · The Meaning of Work in the AI Age (13/10/2026) ↗
  2. Elon University · Resultados de la encuesta ↗
  3. Metodología · 1.158 personas adultas de Estados Unidos, 20–24/08/2026 ↗