
Nos gusta pensar que cuanto más inteligente es una persona, mejores serán sus decisiones. Cada vez tengo más dudas.
Porque la inteligencia llega a una mente que ya tiene historia, emociones, valores y creencias. Y me pregunto hasta qué punto utiliza su capacidad para cuestionarlos o para defenderlos.
¿Puede un ejército de creencias imponerse a un argumento bien fundamentado?
A veces algo nos incomoda, nos atrae o nos indigna y, después, encontramos una explicación que encaja muy bien con lo que sentíamos, a veces demasiado bien.
La psicología lleva tiempo estudiando cómo nuestras creencias y motivaciones pueden influir en el razonamiento. Leyendo sobre ello encontré un estudio de 2026 con 238 personas en Alemania e Irán. Tras leer textos con posiciones contrarias, la información que coincidía con sus creencias previas quedaba representada con más fuerza en su comprensión. [1]
Me llamó la atención que aquello que ya creían estuviera influyendo incluso en cómo comprendían lo que leían. ¿Cuánto de esto puede ocurrirnos sin que nos demos cuenta?
Otro experimento, publicado en 2025 con más de 1.800 personas en Estados Unidos, observó que reflexionar sobre valores podía modificar después las creencias sobre hechos, según la orientación política previa. Los incentivos económicos para distorsionar esas creencias no tuvieron el mismo efecto. [2]
Me parece una idea incómoda: podemos construir un buen argumento sin haber revisado bien aquello que estamos defendiendo.
La inteligencia puede convertirse en una magnífica abogada. La cuestión es saber a quién está defendiendo.
Pero tampoco creo que pensar más sirva de poco. Un estudio de Cognition de 2026, con 504 personas, encontró una relación pequeña entre la reflexión cognitiva y el razonamiento motivado. En temas políticos, los resultados apuntaban hacia menos sesgo entre quienes mostraban mayor reflexión. [3]
Y un trabajo de 2025 con 74 estudiantes observó actividad cerebral relacionada con el control cognitivo cuando una creencia previa chocaba con la lógica de una conclusión. [4]
Estos resultados dejan preguntas abiertas. A mí me hacen pensar que quizá podemos revisar lo que creemos, aunque nos cueste aceptar una respuesta que no nos gusta.
También veo una cara positiva. Una convicción puede llevarnos a investigar, imaginar una solución o intentar cambiar algo que consideramos injusto. Después habrá que comprobar si lo que proponemos se sostiene.
Por eso cada vez me interesa más saber qué dirige todo lo que una persona sabe. Y preguntarme, también a mí, si estoy buscando comprender algo o encontrando razones para seguir creyendo lo mismo.
Fuentes
- Pilotek, L., Karimi, M. N. y Richter, T. (2026). How belief bias shapes the comprehension of multilingual texts. Applied Studies in Innovative Learning and Teaching, 2, 100006. ↗
- Barron, K., Becker, A. y Huck, S. (2025). Motivated political reasoning: On the emergence of belief-value constellations. European Economic Review, 172, 104929. ↗
- Borghi, O., Tappin, B. M., Smets, K. y Tsakiris, M. (2026). Mind over bias: How is cognitive control related to politically motivated reasoning? Cognition, 268, 106373. ↗
- Ma, J., Lv, W. y Ren, X. (2025). Neural Correlates of Belief-Bias Reasoning as Predictors of Critical Thinking: Evidence from an fNIRS Study. Journal of Intelligence, 13(9), 106. ↗
